martes, 8 de abril de 2008

Tempestad en alta mar

A falta de Cherburgo [ googleearth: 49º38'N + 1º37'W ], bueno es el mar del Norte. Una tempestad debe de ser una tempestad en cualquier sitio. No me ha tocado ninguna :-) Lo máximo han sido rachas de Fuerza 8, en empopada. No estuvo mal. Estuvo bien :-)

También he navegado con esa mar blanca, con rociones contínuos y poquísima visibilidad. Estábamos amarinados, entrenados y la mar era noble. No creo que pasase de Fuerza 7.


El mar, día a día. 8 de abril.

Cherburgo. Mar blanca sobre la Mancha.

Se avecina el tiempo frío en la Mancha. El mar está blanco, humea por todas partes, el anemómetro se encuentra bloqueado en los siete grados de la escala Beaufort, con intervalos de ocho, y aquí está Cherburgo, sus barcos apretados unos contra otros, al abrigo del puerto. Las aves han desaparecido, están agazapadas, con las plumas erizadas, entre algunas rocas graníticas. Y la llanura en torno, paisaje de brezos, de aulagas y retamas, se amontona detrás de las pequeñas tapias, construcciones inofensivas de los hombres de tierra. Allá abajo, enfrente, en el horizonte de los muelles de Cherburgo, se perfila el dispositivo de separación del tráfico de los hombres de la mar. Esa zona de algunas millas donde se cruzan cargueros y petroleros de todos los tamaños, cargados para remontar el Mar del Norte. El tráfico es intenso, esa ruta marítima es una de las más vigiladas del mundo entero. Bajo esa extensión devastada por el viento, avanzan en el silencio de las profundidades los temibles submarinos a propulsión nuclear de la base de Cherburgo. Nada parece contrariar a los elementos. ¿Nada? Nada excepto una curiosa anomalía, ese tubo enterrado que va a parar al mar desde la fábrica de la Hague y cuyos aluviones vuelven locos a los contadores Geiger.


[ North Sea Storm ]

[ Fotógrafo: glenelg48 ]


- - - fin del día 8 de abril - - -

Lo que cuenta Plisson me trae a la memoria esa imagen de las gaviotas que ya no pueden planear majestuosamente en los límites de los acantilados y han decidido posarse en el mar a la espera de vientos mejores para ellas. Es cuando los surferos deciden salir a la bocana del puerto, y algunos marinos, alrededor de una mesa, discuten si es prudente salir a entrenarse o a disfrutar de una navegación dura.


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