viernes, 10 de octubre de 2008

Saint-Briac, perdido entre el Cap Frehel y Saint Malo

Me acabo de acordar del por qué no nos acercamos a Saint-Briac-sur-mer [ googleearth: 48º37'N + 2º7'W ] cuando navegábamos entre el Cabo Fréhel y Saint-Malo. Es un pueblecito en el interior de la desembocadura de un río. El día anterior habíamos doblado el Cabo Fréhel e íbamos en dirección a Saint-Malo, después de fondear y dormir en Saint-Cast-le-Guildo. Además de desviarnos de nuestra ruta, sus aguas poco profundas y las fuertes mareas nos hubiesen obligado a ir a marea alta o a tocar fondo. No me estraña que el pintor Paul Signac fuese un aficionado de la zona, y que uno de sus cuadros retratase, en 1890, Les balises.

[ Les balises, Saint-Briac ]

[ Pintor: Paul Signac ]



El mar, día a día. 10 de octubre.

Saint-Briac. En el corazón de la Costa Esmeralda, este antiguo puerto de pesca respira al ritmo de las mareas y nos ofrece dos espectáculos diarios.

Con sus fondos de arena blanca y sus aguas de reflejos esmeraldinos, la Costa Esmeralda no ha usurpado su nombre. Entre Saint-Malo y el cabo Fréhel, el litoral de las Costas de Armor se repliega hacia el interior de la tierra dibujando una bahía resguardada donde anida Saint-Briac. Abrigo secular de pescadores y marinos, la bahía de Saint-Briac conserva el encanto refinado de los balnearios de principios del siglo XX; amarrado a una de las 700 boyas de su puerto deportivo, siempre es un placer dejarse mecer por el mar. El paisaje animado y mágico de este remanso de paz atrajo la atención de muchos pintores del finales del siglo XIX, inspirando en particular a Renoir y a Signac. Los islotes y escollos diseminados por la bahía surgen o desaparecen según la hora del día. Este trozo de costa irreal sólo se paraliza durante el breve período en el que la pleamar o la bajamar permanece estacionaria. Sin embargo, la apacible pleamar es únicamente una tregua efímera. Hay que desconfiar del agua que duerme.



- - - fin del día 10 de octubre - - -


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