jueves, 2 de octubre de 2008

La vela ligera

Aunque mi primer contacto con la vela se produjo en un crucero de unos 13 metros, durante un fin de semana, entre Saint-Malo y las islas Anglo-Normandas, enseguida hice mis pinitos en vela ligera. Posiblemente numeros vuelcos en un 420, en Beg-Rohu. Después vendría la vela en Vaurien y en Hobie Cat 16, en la isla de Drenec, en mi primer curso de Glénans. Más tarde volvería a la navegación en crucero, pero no hay duda que la vela ligera es una magnífica escuela de navegación.



El mar, día a día. 2 de octubre.

Velas ligeras. La vela ha conocido una mutación nunca vista con la llegada de nuevos materiales y nuevos conceptos desde los años 70.

La familia de los deportes náuticos cuenta con algunas figuras emblemáticas de las cuales forman parte los barcos de vela ligera, «deriveurs» (monotipos de orza abatible). Concebidas para ir en solitario, con dos o varios tripulantes, estas pequeñas embarcaciones de poco más de 4 m no se pasan de moda. Excelente escuela para asimilar los principios fundamentales de la vela, el «deriveur» también es muy adecuado para las regatas donde los tripulantes, después de haber izado el spinnaker asimétrico, se cuelgan del trapecio para hacer contrapeso. El catamarán deportivo se impone como otro gran clásico, que procura inigualables sensaciones de velocidad y deslizamiento. En su versión terrestre, la tabla de windsurf da el «carro a vela», un ingenio que corre con sorprendente rapidez sobre la arena húmeda y dura de las playas. Por el contrario, separando la vela del flotador y enviándola arriba, hacia el cielo, se obtiene el fly-surf o kite-surf, que permite elevarse a decenas de metros encadenando diversas figuras aéreas. Pero el más enternecedor de todos los ingenios a vela, con sus orgullosos y jóvenes grumetes agazapados en el casco de aluminio de fondo plano de 2,30 m de eslora, que le ha valido el sobrenombre de caja de jabón, sigue siendo el inimitable Optimist.



- - - fin del día 2 de octubre - - -


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