lunes, 21 de julio de 2008

Essaouira, el paraiso de las gaviotas

No es de extrañar que uno de los puertos marroquíes con mayor concentración de pesca artesanal sea el paraíso de las gaviotas. No es el aspecto que más me entusiasma de estas espectaculares aves marinas, cuyo vuelo ya inspiró, en muchos aspectos, al mismo Leonardo. Y sin embargo, comprendo que también tienen que comer, aunque lo intenten de la forma más cómoda.


El mar, día a día. 21 de julio.

«Las aves». Guirigay de plumas y escamas a los pies de esta ciudad fortificada.

Cada tarde, excepto los domingos, esta escena se repite bajo las murallas de Essaouira. Al destripar los pescados, los pescadores ofrecen un festín a las gaviotas. Para admirar su danza chillona, hemos atravesado la Medina y saludado a las filas interminables de artesanos familiares; en las tiendas de un metro por dos, bajo la mirada de los camaleones matamoscas, venden almizcle, ámbar, especias y hierbas virtuosas. Una mezcla olorosa lindante con los puestos de curtidores y los comerciantes de alfombras. El ambiente del antiguo Mogador, esta colonia portuguesa por la que transitaban los convoys venidos del África negra cargados de oro, sal, marfil y plumas de avestruz, recuerda a las caravanas. La fortaleza -encargada por el sultán Sidi Mohammed ibn Abdallah a un arquitecto francés, en el 1765- acentúa el exotismo de esta pintoresca Babel marítima.



- - - fin del día 21 de julio - - -


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